Publicado el Viernes, 19 Junio 2026
ECODES advierte de que la próxima cumbre del clima deberá convertir los debates pendientes sobre reducción de emisiones, adaptación, financiación y transición justa en acuerdos concretos para responder a la urgencia climática
Plenario de la Conferencia del Clima del Bonn -

Las negociaciones climáticas intermedias celebradas durante las dos últimas semanas en Bonn han concluido con avances insuficientes para responder a la urgencia climática y preparar adecuadamente la próxima cumbre del clima, la COP31, que se celebrará en Turquía. Aunque esta cita suele generar menos atención que una COP, lo que ocurre durante las dos semanas de sesiones de negociación no es una cuestión menor: alberga debates profundamente políticos sobre cómo transformar el modelo energético y productivo, cómo financiar la acción climática, cómo proteger a las personas más vulnerables o cómo mantener vivo el multilateralismo climático, entre otros.

El cierre de la SB64, más conocida como preCOP, ha estado marcada por la falta de acuerdo en varios puntos de la agenda. En la práctica, esto significa que algunos temas no han podido cerrarse y deberán retomarse más adelante. Para ECODES, esta situación refleja una dificultad creciente para convertir los debates técnicos en avances políticos concretos. “Bonn no es un espacio pensado para grandes titulares, sino para preparar acuerdos. Precisamente por eso, es preocupante que la conferencia concluya con tantos bloqueos abiertos. El proceso empezó con una adopción rápida de la agenda y una primera semana relativamente constructiva, pero en la segunda semana se han mostrado posiciones mucho más duras. La COP31 no puede arrancar desde cero”, señala Philippine Ménager, participante como observadora de ECODES en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).

Uno de los principales puntos de preocupación es la reducción de emisiones. En relación al Programa de Trabajo de Mitigación -el espacio de Naciones Unidas dedicado a debatir cómo acelerar la reducción de gases de efecto invernadero y que sigue siendo uno de los pocos espacios formales para hablar de ambición climática e implementación-,  se han detectado fuertes resistencias a reforzarlo y a conectarlo de forma clara con la ciencia, con el balance global del Acuerdo de París (conocido como Global Stocktake o GST, por sus siglas en inglés), y con los nuevos planes climáticos que los países deben presentar.

“Necesitamos que la reducción de emisiones vuelva al centro del proceso. No basta con hablar de implementación si no se aborda la manera de hacerlo, con qué nivel de ambición, con qué apoyo y en qué plazos. Según la ciencia, reducir emisiones en esta década es indispensable para mantener vivo el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C”, subraya la representante de ECODES.

Sobre las cuestiones de transición justa, y dando continuidad a los compromisos adquiridos en la COP30 de Belem en 2025, se han producido avances en los textos y en la identificación de posibles puntos de acuerdo entre países. Sin embargo, siguen abiertos debates importantes sobre cómo debe funcionar el futuro mecanismo de transición justa, cómo se gobernará y cómo podrá garantizar que la transición hacia una economía baja en carbono sea justa para trabajadores, comunidades y territorios. “Queda mucho trabajo para definir una herramienta capaz de acelerar esa transición y asegurar los medios necesarios para hacerla efectiva”, prosigue Ménager.

En relación con la adaptación, es decir, a la manera en la que nos preparamos frente a los impactos del cambio climático, las negociaciones tampoco han logrado el consenso necesario para generar acuerdos. Aunque en la COP30 se avanzó en la definición de indicadores para medir el progreso, sigue sin resolverse la cuestión central de la financiación suficiente para que los países más vulnerables puedan adaptarse. Sin recursos, existe el riesgo de construir un marco técnico que no pueda traducirse en protección real para las personas y los territorios más expuestos a los efectos del cambio climático.

Por último, la financiación climática ha vuelto a mostrar algunas de las mayores diferencias entre los países miembros de la CMNUCC. Los países del Sur Global insisten en la necesidad de contar con un espacio formal de negociación para abordar la provisión de financiación pública por parte de los países desarrollados. Muchos consideran, además, que los acuerdos alcanzados en la anterior cumbre del clima siguen siendo insuficientes, tanto por la cantidad de fondos comprometidos como por su calidad (evaluando criterios de previsibilidad, adicionalidad y transparencia). A ello se suma la reducción de programas de cooperación y las barreras que siguen dificultando el acceso a los recursos disponibles.

Para ECODES, Bonn deja una conclusión clara: el contexto climático exige más compromisos, más cooperación, más recursos y más voluntad política. Los próximos meses serán decisivos para demostrar que la COP31 puede reconstruir la confianza entre las partes y avanzar hacia acuerdos concretos que permitan mantener la senda de cumplimiento definida por la ciencia en los objetivos del Acuerdo de París.

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