Activar a la comunidad para transformar nuestra forma de alimentarnos
España enfrenta un preocupante deterioro en la calidad de la dieta, con un aumento del sobrepeso, la obesidad y las enfermedades crónicas asociadas a una mala alimentación. Al mismo tiempo, el actual sistema alimentario es responsable de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Ante este reto, Albarrio ha trabajado durante los últimos años para facilitar el acceso a información rigurosa y promover hábitos de consumo responsables, utilizando la salud como palanca para avanzar hacia una alimentación más saludable y sostenible.
Pero cambiar nuestra forma de alimentarnos no depende solo de las decisiones individuales. Albarrio ha apostado por trabajar desde la comunidad, activando referentes cercanos y de confianza para hacer que el conocimiento llegue a más personas.
Tras un primer piloto desarrollado en Barcelona, ECODES llevó este modelo al barrio Oliver de Zaragoza, adaptándolo a la realidad del territorio y trabajando junto a las entidades y personas que forman parte de su comunidad.

Una transformación que empieza en la comunidad
La forma en que comemos no depende únicamente de nuestras decisiones individuales. El acceso físico y económico a los alimentos, la información disponible y el entorno en el que vivimos también condicionan nuestras elecciones.
Por eso, desde Albarrio se ha trabajado para activar referentes comunitarios capaces de acercar información práctica y rigurosa sobre alimentación saludable y sostenible. Entre ellos, profesionales de la salud, entidades sociales y comunitarias, comercios y otros agentes vinculados a la alimentación.
Estos referentes permitieron acercar el conocimiento a la ciudadanía y trabajar también sobre el entorno alimentario, favoreciendo el acceso a opciones más saludables y sostenibles.
Un modelo de trabajo en tres pasos
Para transformar nuestra forma de alimentarnos, el conocimiento tiene que llegar allí donde las personas viven, compran, trabajan y se relacionan. Por eso, Albarrio adapta el modelo a cada territorio, trabaja con sus referentes y activa la red comunitaria para acercar información y recursos a la ciudadanía.
La metodología combina este enfoque comunitario con una base de conocimiento riguroso sobre alimentación saludable y sostenible, con la asesoría científica de Alimentta, think tank para la transición alimentaria.
- Codiseño comunitario: Albarrio empieza por aplicar un enfoque comunitario que construye a partir de las iniciativas existentes en los barrios. Este paso permite adaptar el modelo a la realidad de cada territorio concreto.
- Formación de referentes comunitarios: capacitación de agentes comunitarios a partir del decálogo de alimentación saludable y sostenible. Permite alinear actores y elaborar mensajes clave para la ciudadanía. La formación se realiza a dos niveles: profesionales de la salud y agentes del barrio.
- Activación de referentes comunitarios: despliegue coordinado de una campaña dirigida a la ciudadanía con acciones de difusión y otras que facilitan el acceso a información de calidad y a los alimentos recomendados.
Una red que hace circular el conocimiento
En el barrio Oliver, 59 referentes fueron formados, 24 entidades se implicaron y se desarrollaron 41 actividades para acercar a la ciudadanía información sobre alimentación saludable y sostenible.
Estas cifras reflejan una red que se ha ido construyendo y activando desde el propio barrio. Porque cuando el conocimiento se comparte a través de personas y entidades de confianza, puede llegar más lejos y multiplicarse dentro de la comunidad.
Ese es uno de los principales aprendizajes de Albarrio: activar a quienes ya forman parte de una comunidad puede abrir nuevos caminos para impulsar el cambio. El proyecto deja también recursos para seguir acercando a la ciudadanía información sobre alimentación saludable y sostenible, como decálogo de alimentación saludable y sostenible, actividades y recursos.
Un aprendizaje para seguir avanzando
La experiencia de Albarrio pone de manifiesto la importancia de conciliar la salud de las personas con la salud del planeta, trabajando también sobre los entornos y las redes comunitarias que condicionan nuestras decisiones.

Porque avanzar hacia un sistema alimentario más saludable, sostenible y justo significa también fortalecer las comunidades y los vínculos de confianza que permiten que el conocimiento circule.
Este proyecto se realiza con el apoyo de la Fundación Daniel y Nina Carasso, afiliada a la Fondation de France.

