Electrificar sí, pero no de cualquier manera
Desde ECODES nos hemos sumado a la carta abierta “La electrificación hecha correctamente”, firmada por más de 90 organizaciones y redes de la sociedad civil de todo el mundo, dirigida a las presidencias de la COP31: Turquía y Australia.
La carta apoya la propuesta de establecer una meta global para que el 35% de la demanda final de energía esté electrificada en 2035. Pero lanza un mensaje claro: electrificar no basta. La electrificación solo contribuirá a resolver la crisis climática y energética si se basa en energías renovables, reduce la dependencia de los combustibles fósiles, llega a quienes aún no tienen acceso a energía y se acompaña de financiación, justicia social y protección de derechos.
La electrificación puede ser una de las herramientas más importantes para acelerar la transición energética. Permite sustituir tecnologías basadas en carbón, petróleo y gas por soluciones más eficientes en transporte, calefacción, cocina, industria o edificios. Si esa electricidad procede de fuentes renovables, puede reducir emisiones, contaminación, dependencia energética y exposición a precios volátiles.
Pero también existe un riesgo: que el aumento de la demanda eléctrica se utilice como excusa para ampliar nuevas infraestructuras de gas, retrasar la salida del carbón o justificar más producción fósil bajo una etiqueta aparentemente limpia. Una meta global de electrificación que pueda alcanzarse con más combustibles fósiles no serviría ni al clima, ni a la seguridad energética, ni a las personas que hoy siguen sin acceso a electricidad fiable y asequible.
Por eso, la sociedad civil plantea siete condiciones básicas para apoyar el objetivo “35x35”:
- que la electrificación se base en energías renovables y reduzca la dependencia fósil;
- que se prioricen la eficiencia, la suficiencia y las necesidades de las personas;
- que contribuya a cerrar la brecha de acceso a la energía;
- que se traduzca en objetivos y políticas nacionales coherentes;
- que las redes y sistemas de almacenamiento se diseñen para integrar renovables y respeten los derechos de las comunidades;
- que la ambición esté respaldada por financiación pública y medios reales de implementación;
- que los minerales necesarios para la transición no reproduzcan los daños de las industrias extractivas.
Este último punto es clave. La transición energética necesita minerales, redes, baterías e infraestructuras, pero no puede repetir los mismos patrones de explotación, desigualdad y daño ambiental que han marcado la era fósil. Una transición justa debe proteger ecosistemas, recursos hídricos, comunidades locales, pueblos indígenas y trabajadores, y debe repartir de forma más equitativa los beneficios de la nueva economía energética.
La COP31 puede convertir el impulso político hacia la electrificación en un avance real para la acción climática. Pero para ello la electrificación debe entenderse como una herramienta al servicio de una transición más amplia: abandonar los combustibles fósiles, acelerar las renovables, garantizar acceso a energía limpia, reducir desigualdades y reforzar la resiliencia de las comunidades.
Desde ECODES firmamos esta carta porque creemos que la electrificación es imprescindible, pero también que su diseño importa. No cualquier electrificación es climáticamente eficaz ni socialmente justa. La pregunta no es solo cuánta electricidad consumiremos en 2035, sino de dónde vendrá, a quién beneficiará, quién la financiará y qué modelo energético ayudará a construir.
La electrificación bien hecha puede ser una palanca decisiva para la transición. Mal planteada, puede convertirse en una nueva excusa para prolongar la dependencia fósil.
La COP31 debe elegir el primer camino.
