Reciclar las aguas residuales urbanas y usarlas para los cultivos agrícolas puede ayudar a mitigar los problemas de escasez de agua y reducir la contaminación del agua, pero se trata de una práctica que no está tan extendida como debiera, según un último informe de la FAO.
Tomarse el agua de la alcantarilla no apetece, pero tras pasar por un adecuado sistema de purificación, no sólo es posible, sino que es una realidad en lugares como Singapur o California. El agua residual reciclada es una de las posibles soluciones frente a las cada vez mayores demandas de abastecimiento humano. Sin embargo, aunque la tecnología garantiza las condiciones higiénicas del agua residual reciclada, el rechazo psicológico de los consumidores frena su generalización.
La Comisión Europea ha publicado un informe sobre los progresos realizados por los Estados miembros en materia de lucha contra la escasez de los recursos hídricos y la sequía.
La Comisión Europea ha publicado un informe sobre los avances de los Estados miembros a la hora de afrontar la escasez de agua y la sequía.
Este informe, realizado por el grupo británico Engineering the Future, estudia los riesgos que encaran los países a causa de la escasez de agua, y como los gobiernos y organizaciones pueden gestionar sus abastecimientos para asegurar la disponibilidad en el futuro.
La creciente competencia por los escasos recursos hídricos es un creciente riesgo empresarial, una gran amenaza económica y un reto para la sostenibilidad de las comunidades y ecosistemas que dependen de ellos. Es también un problema que tiene series implicaciones para la estabilidad de algunos países, y para las industrias cuyas cadenas de valor está expuestas a la escasez de agua.
El agua -un bien cada vez más escaso sobre el que de forma creciente pivota la geopolítica- puso ayer de nuevo en evidencia el escollo que supone el conflicto palestino-israelí para cualquier intento de articular políticas comunes entre los países ribereños del Mediterráneo. Los 43 miembros de la Unión por el Mediterráneo (UpM) -los países de la Unión Europea y los de las orillas sur y este del Mediterráneo-, reunidos en Barcelona en la IV Conferencia Ministerial Euromediterránea, no consiguieron aprobar el documento sobre la gestión del agua.