Los niños respiran más rápidamente que los adultos. Proporcionalmente, sus pulmones inhalan tres veces más aire que un adulto. Además, el hecho de que estén en fase de crecimiento hace que las agresiones que sufren –al respirar las partículas que se quedan en sus pulmones o el alquitrán del tabaco que destruye los alveolos– tengan un mayor impacto.
El número de personas que mueren a consecuencia del asma en los países industrializados se ha multiplicado por tres en los últimos 20 años, un problema derivado de la mala calidad del aire y que afecta especialmente a los niños, ya que suponen el 45% de los casos de esta enfermedad.