Sucio, tarde y mal. Tras varias advertencias y una denuncia de la Comisión Europea en 2008, el Tribunal de Justicia de la Unión ha condenado a España por verter las aguas residuales de 38 zonas urbanas de más de 15.000 habitantes sin tratarlas previamente. Abocar estas aguas de forma incontrolada supone un riesgo que infringe la ley sanitaria y medioambiental de la UE, en vigor desde 2000. Once años después, recuerda la sentencia del tribunal comunicada ayer, España sigue incumpliendo la obligación de evitar casos de contaminación causados por las aguas residuales urbanas.
Muchos de los fármacos que se emplean para prevenir o tratar la gripe permanecen activos cuando van a parar al alcantarillado y, en el supuesto de una pandemia, grandes cantidades de estas sustancias podrían acabar en las depuradoras de aguas. En tal caso, ¿podrían cumplir su cometido estas instalaciones? Un equipo internacional de científicos financiado en parte por la Unión Europea ha estudiado esta cuestión.
Reciclar las aguas residuales urbanas y usarlas para los cultivos agrícolas puede ayudar a mitigar los problemas de escasez de agua y reducir la contaminación del agua, pero se trata de una práctica que no está tan extendida como debiera, según un último informe de la FAO.
Tomarse el agua de la alcantarilla no apetece, pero tras pasar por un adecuado sistema de purificación, no sólo es posible, sino que es una realidad en lugares como Singapur o California. El agua residual reciclada es una de las posibles soluciones frente a las cada vez mayores demandas de abastecimiento humano. Sin embargo, aunque la tecnología garantiza las condiciones higiénicas del agua residual reciclada, el rechazo psicológico de los consumidores frena su generalización.
La Comisión Europea ha decidido llevar a Italia y España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea por dos asuntos de prolongado incumplimiento de la normativa de la UE sobre depuración de aguas residuales urbanas.