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  domingo, 07 de septiembre de 2008
inicio : especiales : tiempos de sequía : Enrique Cabrera


 

Entrevista a Enrique Cabrera

Entrevista a Enrique Cabrera - Catedrático de Mecánica de Fluidos de la Universidad Politécnica de Valencia, director del Instituto Tecnológico del Agua de Valencia y Presidente del Comité de Expertos en Sequía , órgano asesor creado por el Ministerio de Medio Ambiente.

El octubre de 2005 empezó a trabajar un Comité de Expertos en Sequías, creado por el Ministerio de Medio Ambiente para realizar aportaciones sobre cómo minimizar los impactos de la sequía. ¿Nos puede explicar cuáles son esas aportaciones y en qué medida las directrices del comité se han puesto en marcha?

En el documento La Sequía en España: Directrices para minimizar su impacto , encontramos 28 conclusiones suscritas por unanimidad y apoyadas en un conjunto de trabajos que, aun cuando fueron debatidos, son responsabilidad de quienes los firman. La primera de ellas es que las sequías pueden gestionarse de una manera mucho más racional de lo que hasta ahora se ha venido haciendo. Su prevención minimizaría considerablemente los impactos que pueden llegar a generar. En este sentido conviene reducir las actuaciones no planificadas tanto cuanto sea posible.

Este es el punto clave para mitigar los efectos de las sequías. Podemos poner un ejemplo, dejar de fumar no es una medida que sirva de manera directa para luchar contra el cáncer de pulmón una vez lo has contraído, aunque lógicamente será la primera medida a adoptar. Pero sin duda es la que más conviene para prevenirlo. En ese sentido la gestión de la demanda planificada en el tiempo te permite minimizar los impactos cuando la sequía llega, pero acordarse de ella sólo cuando estás en plena sequía sirve de poco. En cualquier ámbito de la vida siempre es mejor prevenir que curar.

En 1995 tras cuatro años de sequía 12 millones de habitantes sufrieron restricciones, en su opinión por qué cree que no hemos sabido aprovechar este tiempo para no encontrarnos de nuevo en esta situación.

El Gobierno no tiene clara una hoja de ruta ya que las principales medidas para mitigar los efectos de las sequías son impopulares. Una de las conclusiones del Comité de Expertos en Sequías es el establecimiento de una política tarifaria coherente de acuerdo con la Directiva Marco del Agua, incluyendo en ella costes ambientales cuando la protección de las aguas afectadas lo requieran. Sólo así se podrá racionalizar el gasto y propiciar el uso de recursos menos convencionales, como la reutilización planificada que a la hora de sustituir a los recursos tradicionales siempre compite en desigualdad de condiciones con el agua asignada como derecho histórico consolidado.

Se debe cambiar una administración paternalista que regala obras y defiende, en régimen de barra libre, el lema de agua para todos, por otra que establezca claras reglas de juego y exija su cumplimiento, aunque ello no sea un plato que guste. Hasta ahora las soluciones vienen siempre del lado de la oferta. Y con un denominador común, más obra para poder consumir más agua, mientras nadie, con decisión, apuesta por racionalizar el uso.

Pero claro esta reflexión sólo cobra protagonismo e interés en épocas de sequía. Es decir nadie se acuerda de estos asuntos cuando el agua abunda. Pero algo habrá que hacer porque con el paso del tiempo, a medida que las actividades económicas y las exigencias de la sociedad dependen más del agua, crecen los impactos de las sequías. Y así la actual puede llegar a ocasionar un impacto económico, social y ambiental antes nunca visto. Y ello porque desde la anterior, conviene insistir en este punto, el gasto ha crecido de manera imparable a costa de unos recursos hídricos que, debido al cambio climático, no paran de menguar. Se oculta la realidad una vez más, evidenciando que al ciudadano, antes que educarle, se le mima. Y cuando el problema está sobre la mesa, de inmediato las prisas y la improvisación. No nos hemos preparado para un episodio que es de lo más natural.

¿Qué medidas habría que desarrollar para gestionar mejor la próxima sequía?

La solución, bien que sólo es útil en el medio largo plazo, es dejar de subsidiar el agua, una medida impopular donde las haya. Comporta apostar por la gestión olvidando la brillantez de la obra. Requiere abrir una caja de Pandora, actualizar el catálogo de concesiones y desligar los derechos históricos de la tierra, uniéndolos a la productividad y al tipo de cultivo que a la sociedad convenga. Exige medir los usos multando a quien no gaste con mesura lo que es de todos. Obliga, pisando callos, a convertir una administración atomizada y pensada para realizar obras en otra mucho más orientada hacia la gestión.

La complejidad de la reconversión impide hacerla de la noche a la mañana. Se necesita de una sociedad madura que apoye el proceso. Por contra la actual carece de la necesaria educación ambiental. Hay, un enorme desfase entre la cultura del ciudadano, que es prácticamente la de siempre, mientras conviene que sea consciente de la problemática hoy. Al político cualificado le resulta casi imposible andar en la dirección correcta por la cultura de la ciudadanía. No se siente respaldado. Por ello es vital educar a los políticos y sobre todo a los ciudadanos, pues en una democracia son ellos los que deciden.

 

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