» Un índice sostenible en la Bolsa de Madrid
Por Jesús Llaría - Investigador, Ecología y Desarrollo
Durante este mes de abril se van a repetir mucho más de lo acostumbrado las palabras "índice de sostenibilidad". Por primera vez los medios de comunicación han publicado de forma generalizada referencias a este tipo de productos financieros, después de que en la Bolsa de Madrid se haya presentado el nuevo Ftse4Good IBEX, primer "índice de sostenibilidad" que funciona como tal en el mercado español. Asimismo han abundado las notas de prensa emitidas por las 27 empresas que figuran como componentes del nuevo índice, de entre las 82 candidatas iniciales. La peculiaridad de este indicador se encuentra en sus "criterios de admisión": para que una empresa llegue a ser componente de estos índices debe cumplir con una serie de criterios sociales y ambientales más exigentes que las normas legales vigentes.
Ante esta noticia resulta natural que inversores, empresas, organizaciones sociales y observadores en general, se pregunten sobre el origen de estos índices, sobre cómo se construyen, su incidencia real en la estrategia y la gestión de las empresas, su alcance y sus limitaciones.
El nuevo Ftse4Good IBEX es una adaptación al mercado financiero español de la familia de índices Ftse4Good, que operan desde hace años en la Bolsa de Londres. Pero el pistoletazo de salida para estos índices lo dio la agencia norteamericana Domini Social Investment durante los años ochenta, aunque su iniciativa apenas tuvo eco fuera de los EEUU y Canadá. Ya a finales de los noventa y principios de la presente década fueron lanzados las series de índices de Dow Jones en la bolsa de Nueva York, Dow Jones Sustainability Group Index, y FTSE en Londres con Ftse4Good.
En aquel momento, por su visibilidad, estos índices cumplieron con una importante labor: acercaron el concepto de inversión con criterios de RSE a los consejos de administración; sirvieron como punta de lanza de la inversión socialmente responsable (ISR) ante los departamentos de relaciones con inversores de muchas empresas cotizadas; y tuvieron un "efecto escaparate" que no habían conseguido los fondos éticos. Para muchas empresas figurar en alguno de estos índices se convirtió en un elemento clave de la gestión de su reputación. Pero tan sólo las empresas españolas con una mayor capitalización bursátil y una mayor internacionalización de sus actividades pudieron percibir inicialmente esta demanda de los mercados financieros. Hasta el lanzamiento del Ftse4Good IBEX, ya en 2008, las empresas españolas de pequeña capitalización no se habían enfrentado a la serie de criterios que exige un índice de sostenibilidad. Para ser admitido no es suficiente un uso trivial o retórico de la RSE.
¿Cómo se construye un índice con criterios de RSE? El proceso tiene varias etapas diferenciadas: la selección del universo inicial(en el caso del nuevo índice, las empresas cotizadas en el IBEX35 y en el FTSE Spain All Cap Index); el análisis sobre RSE de las empresas constituyentes del universo inicial por parte de agencias especializadas (en este caso, la británica Eiris y su proveedor de análisis en España, Ecología y Desarrollo); la decisión y aplicación de los criterios de RSE, para la selección inicial de empresas, por parte del proveedor (en este caso Ftse Group y BME), y la selección final de empresas constituyentes del índice, de acuerdo también a parámetros financieros.
¿Cuáles son esos criterios de RSE? La realidad es que cada índice tiene los suyos. El proceso de consulta con los grupos de interés que implica la definición y renovación de los criterios de RSE en la familia de índices Ftse4Good incluye la visión de los inversores, de una serie de ONG, y la perspectiva de las propias empresas.
Los criterios no son, pues, universales, ni tampoco definitivos. De acuerdo a los resultados de las consultas con los grupos de interés, desde el lanzamiento de la familia de índices Ftse4Good ha habido un sucesivo endurecimiento de determinados criterios: los medioambientales en 2002, los relativos a Derechos Humanos en 2003, especialmente para las empresas de la industria extractiva. También se ha asistido a la definición de nuevos criterios, como los relativos a los derechos laborales en la cadena de proveedores de las empresas que aspiran a estar representadas en el índice. En 2005 se adoptaron nuevos criterios relativos al combate del soborno y la corrupción. Las más recientes adiciones de criterios, sobre cambio climático, están siguiendo un calendario que comenzó el pasado 1 de enero, y se prolongará hasta julio de 2009, con un endurecimiento progresivo de los mismos en diferentes sectores clasificados por un impacto mayor (industria extractiva, energía, aerolíneas, etc.) o medio (automóvil, construcción, industria alimentaria, etc.).
La conclusión de estas revisiones de criterios (que siempre se anuncian con una anticipación de varios semestres) es que no sólo no es gratuita la entrada al "club" de empresas componentes del índice, sino que tampoco lo es la permanencia. Desde su lanzamiento en 2001 y tras la "primera hornada" de empresas constituyentes del índice en la Bolsa de Londres, varios cientos de empresas más han sido incorporadas a FTSE4Good durante sus revisiones semestrales. Generalmente las incorporaciones se han precedido de esfuerzos por parte de las nuevas empresas en la mejora de la gestión de su RSE. Sin embargo, por cada cuatro nuevas incorporaciones, al menos una empresa ha dejado de ser constituyente. Estas empresas han quedado atrás bien por haber empeorado sus registros, bien por no haber sido capaces de adaptarse a nuevos criterios o al endurecimiento de criterios antiguos. Sin duda estas expulsiones no han sido recibidas con alegría
Respecto a las incorporaciones, llama la atención el hecho de que más de 150 empresas japonesas pasaran a ser constituyentes del índice durante los años inmediatamente posteriores a su lanzamiento. La presentación de FTSE4GOOD en 2001 pilló con el paso cambiado al mundo de la empresa japonesa, pero rápidamente buena parte de las mayores empresas del país fueron capaces de hacer frente a los requerimientos sociales y medioambientales planteados desde Londres.
De estos datos sobre los esfuerzos para "entrar en el club" se puede concluir que resulta ser un escaparate atractivo. Las empresas hacen por mejorar sus registros y poder incorporarse al índice. El índice no es mero papel couché: numerosas empresas han resultado excluidas durante las revisiones semestrales. Con el tiempo los criterios de inclusión y permanencia se ajustan, mejoran, y en ocasiones se endurecen, siempre con aviso previo. Buena parte de las empresas son capaces de adaptarse a los requerimientos; otras, no.
En cualquier caso, los índices de sostenibilidad no son la panacea para la universalización de las mejores prácticas de RSE. Hay que tener en cuenta, asimismo, que existen productos financieros más elaborados y con criterios más amplios que los índices de sostenibilidad, entre los que se encuentran los denominados "fondos verdes" y "fondos éticos". El segmento de los mercados financieros que sigue políticas de inversión con criterios de RSE, pese a crecer día a día, sigue alcanzando tan sólo a un reducido número de empresas. Continúan siendo imprescindibles unas políticas públicas bien definidas en materia de RSE, y la siempre retrasada incorporación más intensa de estos criterios en los mercados de producto.
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