Existe un número creciente de personas sensibilizadas con la idea de caminar hacia una sociedad diferente, más justa, solidaria y humana, que intentan hacerla realidad a través de su presencia y trabajo en diferentes ámbitos, y que perciben que uno de los medios con que cuentan para realizar esta transformación, que es su ahorro, es utilizado precisamente para reforzar y consolidar valores de un modelo social, económico y cultural contrapuesto e incompatible con esta idea de transformación. En la actualidad existe una amplia oferta de créditos y prestamos. Sin embargo, los criterios de concesión de esos créditos suelen basarse principalmente en la existencia de garantías propias o ajenas (avales), con lo que se hace buena en muchos casos la máxima "Los bancos sólo dan dinero a quién demuestra que no lo necesita".
Por lo que se refiere a la financiación de proyectos o empresas de economía social y solidaria, la utilización de estos criterios por parte de las entidades financieras funciona como una barrera infranqueable para una serie de promotores y emprendedores que por su propia situación (iniciativas de inserción social, creación de autoempleo, etc.) o por la naturaleza de sus proyectos (actividades alternativas, innovadoras o sin ánimo de lucro) carecen de recursos iniciales.
Los útiles financieros alternativos surgen como respuesta a esta situación y sus principales desafíos son que las personas recuperemos el protagonismo consciente y activo de decidir a donde va nuestro dinero así como favorecer el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté al servicio de las personas y no como suele ocurrir, que somos las personas las que estamos al servicio de la economía. Son pues herramientas puestas al servicio de las personas y de las entidades sociales que actúan bajo los principios de coherencia, transparencia, participación, democracia, solidaridad, autonomía y arraigo al territorio o sector. En general podemos entender que son aquellas que operan en los ámbitos del desarrollo en los países empobrecidos, la inserción social, el autoempleo, la economía social o socioeconomía solidaria fomentando actividades sostenibles económica y ambientalmente en sus distintas formas (cooperativas, sociedades laborales, empresas de inserción, asociaciones, fundaciones…)
Los segmentos en que desarrollan su actividad las entidades de financiación alternativa en el estado español tienen en común partir de la economía social y solidaria, participar de ella, ser los titulares o propietarios de los bienes, los servicios o productos que facilitan y ser gestionadas democráticamente.
El primer segmento sería, el de las entidades que fundamentalmente facilitan préstamos privados solidarios o bien microcréditos a personas o entidades. En este segmento estaría, Financiación Solidaria de Zaragoza, GAP de Madrid, Germen de Valladolid, Red Anagos de Canarias, Asociación Banca Ética de Badajoz, Asociación de Solidaridad de Granada, EnClau de Valencia, SETEM de Madrid y otras entidades análogas.
El segundo segmento sería el de las entidades de financiación en el marco de la economía social y solidaria dirigido fundamentalmente a entidades (cooperativas, asociaciones, fundaciones, etc.), y cuya actividad no se ajusta necesariamente a los criterios bancarios legalmente fijados, sino que incluye otros parámetros de valoración y de fijación del riesgo. Este seria el caso de Coop57, una Cooperativa de Servicios Financieros que destina sus recursos propios a proporcionar ayuda financiera a proyectos de economía social que promuevan el empleo, fomenten el cooperativismo, el asociacionismo y la solidaridad en general así como la sostenibilidad sobre la base de los principios éticos y solidarios.
La Coop57 inició su actividad en Barcelona en el año 1995 y actualmente opera además en Aragón desde el año 2005 y en Madrid desde el 2007. Cuenta con más de 150 entidades socias y más de 400 socios colaboradores que depositan sus ahorros. Los préstamos realizados en el 2006 superaron los dos millones y medio de euros.
Estos dos segmentos tienen en común que su actividad no debe ajustarse necesariamente a criterios de legalidad bancaria. Para simplificar, podríamos decir que ofrecen productos financieros parabancarios. El riesgo asumido y los avales descansan en la confianza sobre la realidad socioeconómica y las personas, sin menoscabo de la viabilidad económica y social de los proyectos a financiar.
En tercer segmento estaría formado por entidades legalmente constituidas como banco o cooperativa de crédito cuya finalidad consiste en la financiación de proyectos de economía social y del tercer sector con gestión democrática, participación, transparencia, etc. Estas entidades coinciden con los objetivos y finalidades de los dos segmentos anteriores pero se diferencian de ellas en que deben actuar bajo la licencia del órgano regulador bancario estatal o europeo, con criterios de legalidad contabilidad y asunción de riesgos sometidos a la legislación bancaria. Este es el caso de Fiare (Fiare Fundación y Fiare, S.L. como instrumento financiero).
Los tres segmentos de financiación comprenden el sistema de finanzas alternativas, solidarias y éticas. Los tres segmentos (préstamos privados solidarios-micro créditos, financiación parabancaria de la economía social y actividad bancaria) son necesarios y a la vez complementarios. Están llamados a cooperar entre sí.
Difícilmente una entidad bancaria puede, con los requisitos que exige legalmente el Banco de España, ofrecer microcréditos o financiación a entidades de economía social, tanto por la tipología de los prestamos y el riesgo asumido, que es suplido por un profundo conocimiento en la realidad social en que se desenvuelven los agentes de la financiación, como por el volumen económico de las necesidades a atender.
Así podemos decir, que las entidades de financiación mediante préstamos privados solidarios y microcréditos, imprescindibles en este momento y en un próximo futuro por su volumen económico difícilmente superaran en sus operaciones cantidades de unos miles de euros.
A su vez Coop 57 se situaría en operaciones desde 3000 euros hasta los 200.000, aunque puede ofrecer financiación en cuantías inferiores a 3000 euros.
Por su parte Fiare tiene la imposibilidad actual (por razones de viabilidad) de destinar recursos a operaciones inferiores a 3.000, pero especialmente destaca por tener capacidad económica para atender necesidades de financiación de la economía social con carácter ético que puede alcanzar 2, 3 o incluso 4 millones de euros.
De ahí que se insista en la complementariedad presente y futura de los tres segmentos de los diversos instrumentos financieros en concreto.
La capacidad transformadora de estas herramientas radica por un lado en la participación activa de las personas en las mismas y por otro lado, en a quién van dirigidas. Es decir, cuando decimos comprar en una gran superficie o en un pequeño comercio de nuestro barrio, estamos directamente incidiendo en el desarrollo de un modelo económico u otro. Cuando priorizamos consumir un producto proveniente de la agricultura ecológica o el comercio justo frente a otros provenientes del mercado ordinario, estamos favoreciendo el desarrollo de un modelo de producción frente al otro. Cuando utilizamos un coche para desplazarnos o el transporte público o la bicicleta, estamos incidiendo en el modelo de movilidad urbana…
¿Y cuando depositamos nuestro ahorro en una entidad financiera convencional? ¿Sabemos a quien esta financiando y dónde? ¿Podemos elegir donde va NUESTRO dinero? ¿Qué modelo de desarrollo estamos favoreciendo?
Los movimientos sociales en su conjunto y los consumidores/as responsables en particular, debemos de tener herramientas e instrumentos propios para la transformación social. Bajo mi punto de vista uno de los principales es el económico. Culturalmente estamos más acostumbrados a quejarnos de las cosas que no nos gustan y delegar en otros la responsabilidad de los cambios. Pasar de la cultura de la PROTESTA a la cultura de la PROPUESTA no es fácil. Siempre digo que “delegar” es más cómodo que “quejarse” pero menos que “remangarse” Considero que hay muchos ejemplos que son bocanadas de aire fresco y de ánimo. Si queremos construir otra economía, otras relaciones económicas, otro modelo de consumo, debemos plantear alternativas eficaces, participativas, duraderas... Podemos esperar a que los bancos cambien sus políticas de maximizar el beneficio económico en detrimento del medio ambiente, de las desigualdades, de la exclusión... o bien podemos comenzar a construir en positivo herramientas e instrumentos que faciliten ese otro modelo socioeconómico que buscamos.
Consumidores/as y ahorradores/as responsables junto con las empresas y entidades que proporcionamos bienes o servicios útiles de manera también responsable, debemos de caminar juntos en pro de ese otro mundo posible. Los útiles financieros alternativos son instrumentos que nos hacen cómplices y participes activos en la construcción de ese otro mundo necesario.
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