LUCHA CONTRA LA POBREZA EN LA DUODÉCIMA CONVENCIÓN DE NACIONES UNIDAS SOBRE CAMBIO CLIMÁTICO EN NAIROBI (COP12)
Elena Domínguez Salinas - Coordinadora de la campaña Cambio Climático y Lucha Contra la Pobreza de la Fundación IPADE
La mitigación del cambio climático (disminuir su peligrosidad mediante la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero) y la adaptación a sus efectos, son dos maneras diferentes de abordar el problema del cambio climático, que deben ir de la mano, y que además deben ser entendidas como herramientas de lucha contra la pobreza.
Los países industrializados, como principales responsables del cambio climático generado por el hombre, deben liderar la lucha contra este fenómeno y destinar recursos y ayuda a los países en desarrollo (los más afectados, a pesar de su escasa contribución a la generación del problema) de manera que éstos consigan reducir en lo posible, los efectos adversos del calentamiento global del planeta.
Este argumento ético, ha convertido a la Cumbre de Nairobi (la primera celebrada en un país subsahariano) por su contexto geográfico, en el escenario idóneo para conceder a la adaptación al cambio climático en los países en desarrollo, la atención que hasta el momento no había recibido.
Así, esta COP12, a diferencia de las anteriores, ha revelado un alto grado de concienciación por parte de los responsables políticos de los países presentes en la Cumbre, sobre la amenaza que supone el cambio climático para las iniciativas de desarrollo y los esfuerzos de reducción de la pobreza.
El Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, manifestó que el cambio climático amenaza con frustrar los esfuerzos de erradicación de la pobreza y hacer más incierta la perspectiva de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Este panorama ha permitido que en el marco de esta cumbre se hayan alcanzado algunos acuerdos positivos aunque insuficientes, dirigidos a mejorar el posicionamiento de los países en desarrollo frente al cambio climático.
Por ejemplo, se ultimaron las normas relativas al Fondo Especial para el Cambio Climático (SCCF), aunque los recursos económicos provistos son aún escasos, y las áreas prioritarias de actuación se centran en la mitigación, dejando poco espacio para el desarrollo de proyectos de adaptación en los países menos avanzados.
Por otro lado, uno de los logros positivos de esta cumbre ha sido el acuerdo alcanzado respecto a las actividades del programa de trabajo de 5 años sobre impactos, vulnerabilidad y adaptación. Estas actividades ayudarán a mejorar el proceso de toma de decisiones en lo relativo a estos temas. Sin embargo, el programa cuenta con recursos económicos limitados, que dependen exclusivamente de la contribución voluntaria por parte de los países donantes.
Otro resultado importante de la cumbre es el acuerdo sobre la gestión del Fondo de Adaptación en el marco del Protocolo de Kioto. Este fondo percibe beneficios generados por el Mecanismo de Desarrollo Limpio (1 de los 3 mecanismos de flexibilidad que define el protocolo) y tiene como finalidad apoyar actividades concretas de adaptación en los países en desarrollo. En la cumbre se definieron aspectos relativos a sus principios y modalidades. Se acordó que el control del fondo recayera en las Partes del Protocolo de Kioto, bajo la modalidad “un país, un voto”, lo que permite que los países en desarrollo estén representados de manera justa en el cuerpo que gestiona este fondo. Es urgente sin embargo, que este fondo comience a estar operativo a lo largo del 2007 y sería deseable que los otros 2 mecanismos de flexibilidad que recoge el Protocolo de Kioto, contribuyeran también a la financiación del mismo.
A lo largo de las dos semanas de negociación, el tema de la distribución regional no equitativa de los Mecanismos de Desarrollo Limpio (actualmente el mercado está dominado por grandes potencias como India, China, o Brasil, y los países africanos encuentran serias dificultades para acceder a él), salió a relucir de manera recurrente. Para abordar este problema, el Secretario General de la ONU ha dado a conocer un plan denominado el “Marco de Nairobi” a través del cual 6 organismos de las Naciones Unidas han puesto en marcha una iniciativa para ayudar a los países en desarrollo- en particular a África – a participar en el Mecanismo para el Desarrollo Limpio.
El principal acuerdo alcanzado en materia de mitigación es la revisión del Protocolo de Kioto en la Conferencia de las Partes del año 2008. Esto permitiría, en base a los resultados de esa revisión, comenzar a plantear a lo largo del 2009 los compromisos de reducción de gases de efecto invernadero por parte de los países industrializados para el segundo periodo de compromiso (2012-2017), y se garantizaría que no hubiera un desfase entre el primer y el segundo periodo de compromiso. Las conclusiones de la revisión del protocolo no serán vinculantes con lo que se defina respecto a las metas de reducción de emisiones para el segundo periodo de compromiso. Además, el Grupo de trabajo Ad Hoc sobre compromisos futuros para las Partes del Anexo I comenzará su trabajo con un análisis del potencial de los países industrializados para reducir sus emisiones, en lugar de establecer un objetivo global de reducciones de acuerdo a lo que plantea la comunidad científica y supeditar las decisiones que se tomen en el marco del segundo periodo de compromiso a esta meta global.
Coincidiendo con la publicación, justo antes de la celebración de esta cumbre, del Informe Stern, que cuantifica los gastos asociados a la mitigación del cambio climático en relación a los costes derivados de la adaptación a sus consecuencias si no se toman medidas al respecto (1% del PIB mundial frente a cifras que podrían alcanzar el 20% del PIB global), se ha observado un importante giro en el fondo del debate sobre el cambio climático. Según Yvo de Boer, Secretario Ejecutivo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, las políticas respecto a este tema, están pasando de ser consideradas como un factor de costo para el desarrollo, a una oportunidad para fomentar el crecimiento económico de manera sostenible.
Sin embargo, a pesar de este giro conceptual, los acuerdos alcanzados en el marco de Nairobi en cuanto a la mitigación y la adaptación al cambio climático, aunque están en la correcta dirección no dejan de ser pequeños pasos que adolecen de una importante falta de voluntad política, para nada en consonancia con la urgencia con la que la comunidad científica nos plantea que debemos afrontar el problema del cambio climático.
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