» La compra de tu vida: transparencia y consumo
Por María Rodríguez - Presidenta de CECU
¿Qué es el consumo responsable? Las manifestaciones de la crisis social y medioambiental en todo el planeta son cada vez más visibles, todos los días encontramos ejemplos a nuestro alrededor o en los medios de comunicación del injusto reparto de la riqueza y el consiguiente aumento de la pobreza o de los efectos que el actual desarrollo insostenible tiene para el medio en el que vivimos. Los ejemplos son innumerables, desde los fenómenos migratorios, hasta la deforestación o desertización, pasando por la explotación laboral (sobre todo de mujeres y niños) o el cambio climático.
Más cerca de nosotros, pero, sobre todo, más fácil de entender en lo cotidiano, nos despertamos con noticias sobre nuevas urbanizaciones que crecen en medio de territorios donde es difícil garantizar agua a los ciudadanos que se asienten allí. Páramos en los que difícilmente se hubiera pensando en construir. Estos desarrollos urbanísticos ejercen presión medioambiental difícilmente comprensible, salvo que se hayan realizado negocios especulativos en la transmisión y urbanización del suelo e, indirectamente, se puedan haber producido prácticas de corrupción.
Vivimos en una sociedad que favorece el consumismo, nos hemos convertido en la generación de usar y tirar. La publicidad nos bombardea con anuncios cuyo objetivo no es nuestro bienestar, sino hacernos engranajes de un sistema que reduce a las personas al papel de meros consumidores sumisos. Si solo tuviéramos en cuenta la relación calidad-precio en nuestras compras habituales, tendríamos que empezar a analizar las condiciones en las que fueron fabricados algunos productos, baratos en relación a otros de similares características pero fabricados en países donde se respetan los derechos humanos. La incorporación de valores al acto de compra de un producto o de contratación de un servicio es un factor esencial del consumidor que intenta influir en el mercado a través de su opción de compra o de contratación de un servicio.
Como consumidores, último eslabón del sistema económico, tenemos una responsabilidad , pero también tenemos un poder. Con nuestra forma de consumir podemos influir en la marcha de la economía y del mundo de una forma directa. Un consumo consciente y responsable, orientado al fomento de actividades satisfactorias para la naturaleza y las personas es una gran contribución y un decisivo instrumento de presión frente al mercado. A partir de una toma de conciencia, se puede practicar el consumo responsable: capacidad de cubrir las propias necesidades solidariamente, sin comprometer la misma capacidad de futuras generaciones, respetando la dignidad humana e impulsando el desarrollo de los países más pobres, respetando el medio ambiente y sin malgastar recursos no renovables.
En el último quinquenio se han intensificado las memorias de responsabilidad social empresarial por parte de las grandes empresas españolas, se ha avanzado mucho en cuanto a la información que suministran a los ciudadanos sobre las diferentes variables que componen la RSE. La Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) ha realizado dos encuestas sobre el grado de conocimiento de los ciudadanos españoles sobre la Responsabilidad Social Empresarial, la primera en el año 2004, la segunda en el año 2006 y la tercera la estamos realizando en este momento.
Una de las preguntas incluidas en la encuesta hace referencia a la percepción que tienen los consumidores españoles sobre la práctica de la corrupción en las empresas. Los resultados en 2004 y 2006 han sido los mismos un 4 de puntuación sobre 10, es decir no consiguen las empresas el aprobado, lo cual quiere decir que este es un aspecto importante valorado por los consumidores. La corrupción por lo tanto es un aspecto pendiente en las relaciones empresariales, según la percepción de los ciudadanos.
El ciudadano evalúa de forma negativa todavía, la responsabilidad social de la empresa en España, la valoración global no alcanza el aprobado en 2006, aunque asciende ligeramente en relación a 2004 (4,32, frente a 4) Es necesario que la empresa se esfuerce en facilitar una información fiable, neutral e inclusiva que refleje las preocupaciones de los grupos de interés (entre ellos los consumidores), también los impactos generados y las medidas implementadas para mitigarlos. Además, los procesos y datos facilitados deben ser medibles y han de estar verificados por una tercera parte independiente.
Es cierto que todavía no existe una amplia conciencia ciudadana para exigir criterios socialmente responsables a las empresas, hay dificultades para conseguir la información, no está popularizado el concepto, no está incorporado a nuestra decisión de compra, pero vamos evolucionando hacia un nuevo consumidor, mucho más crítico, consciente, responsable y solidario, consumidor que ya está en potencialmente instalado entre nosotros y que evoluciona de forma rápida.
Uno de los aspectos que tendremos en cuenta los consumidores españoles, a la hora de decidirnos por una u otra empresa serán las condiciones sociales en las que se han realizado los productos que se importan y entran en nuestros mercados procedentes de terceros países, pero también serán las condiciones sociales implementadas en las empresas españolas que nos ofertan productos o servicios en nuestro país. En ese momento es cuando seremos capaces de influir en el mercado de una forma eficaz.
Igualmente seremos capaces de racionalizar y tener en cuenta que los comportamientos de las empresas deben ser los mismos en nuestro país que en aquellos otros en los que puedan instalarse, no cabe una política de doble estándar dependiendo del país en el que estén instaladas las empresas.
A modo de conclusión: ser un consumidor responsable:
- Ser críticos y no dejar que la publicidad “colonice” nuestros valores
- Aplicar la ley de las tres R: reducir, Reutilizar y reciclar
- Minimizar envoltorios y embalajes
- Practicar la eficiencia y el ahorro energético
- Incorporar criterios de RSE a la hora de la compra o contratación de un Servicio
|