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Opinión
“CE N’EST PAS UN DÉFILE DE MODE”
Ethical
Fashion Show. 13-16 October 2006. Paris.
Pablo Wünsch Blanco
Fotógrafo
y consumidor responsable
Irse a París
específicamente a ver un desfile de moda sostenible
podría parecer como el irse a McDolands a comerse
una hamburguesa vegetariana. Pero cierto es, que las
cosas tienen que experimentarse en los lugares adecuados
para entender su transcendencia. Donde sino podríamos
justificar, sin ruborizarnos, el aplauso entusiasmado
a una mal alimentada joven únicamente cubierta
con una camisola semitransparente de algodón
producido bajo estrictas pautas que garanticen la
sostenibilidad de los recursos naturales utilizados,
y eludir, descaradamente, las negativas connotaciones
socioculturales de la escena. Claro, únicamente
en Paris, para eso es la capital de la moda, la ética
y la menos ética, y por eso será que
4000 visitantes se acercaron en su tercera edición,
a la colorista oferta de desfiles, expositores, ceremonias,
conferencias y mesas redondas que ofreció el
Ethical Fashion Show en los cuatro días de
su duración.
Tanto en los desfiles
de Alta Costura y de Pret a Porter como en los tres
repletos pisos de expositores de “Le Tapis Rouge”
parisino, era inevitable el no admirar las soluciones
doblemente creativas a problemas de diseño
presentadas. Primero a nivel de concepto formal, como
los preciosos bolsos producidos con envolturas de
caramelo producido en México por la marca Nahui
Ollin, los urbanos bordados sobre ropa de segunda
mano del francés Charly Café y su marca
Macabu o las contemporáneas creaciones de inspiración
pin-up de Deborah Rosenquist llegadas de USA. Y en
un segundo, a nivel de producción, como las
geniales zapatillas deportivas de la casa Veja, producidas
con algodón orgánico y goma natural
de producción controlada en Brasil y confeccionadas
en Francia por trabajadores de reinserción
social o la ecléctica colección presentada
por Judith Condor Vidal, que comprende una selección
de productos creados por miembros certificados del
IFAT (International Fairtrade Association) de lugares
tan distantes como Perú, Palestina o Bangladesh.
Dicen los expertos,
que el tipo de comercio fomentado por la moda ética
puede ser una vía muy buena para acelerar la
recuperación económica de las zonas
destrozadas por las burradas que hemos cometido en
los últimos siglos. Así que yo cruzo
los dedos para que ojala muy prontito estos
geniales diseños salten de la pasarela y se
nos metan en casa y así no tendremos que ir
hasta París a verlos. |