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  martes, 06 de enero de 2009
inicio : especiales : Iniciativa Social de Mediación : opinión

Especial: La Iniciativa Social de Mediación
para los conflictos del agua en Aragón

Opinión:
   
 

Cristina Monge

Gerente de la Fundación Nueva Cultura del Agua

La Iniciativa Social de Mediación:
Un punto de inflexión en el imaginario colectivo para poder empezar a soñar

“Somos pocos y mal avenidos”….”El conflicto histórico entre el llano y la montaña”… “Si fuera bueno, aquí lo iban a traer”… Esta Tierra es Aragón!!!!

Y así será mientras las cosas no cambien. Cuando hace ahora la friolera de seis años tomaba cuerpo la parte más visible de la lucha contra el Plan Hidrológico Nacional y el trasvase del Ebro – que se venía forjando desde años atrás en sectores de afectados por embalses y grupos ecologistas – decidimos, colectivamente, como sociedad, que estos lugares comunes en nuestro imaginario debían de terminar. No fue fácil: hubo que conjugar el movimiento social, el juego político y el saber científico… pero sobre todo, hubo que mantener la batalla de una forma unitaria, poniendo el acento donde nos unía, jugando “a la mayor” que decían algunos y sabiendo que en casa nos quedaban muchos retos pendientes que urgía abordar, como recordaban otros. Había que cerrar dignamente el siglo XX para entrar en el XXI sin el lastre de una brecha en el territorio.

Nos quedaba un recrecimiento de Yesa en los tribunales que demostraba la máxima de que “todo territorio inundado es susceptible de volver a serlo”; convivíamos con un proyecto de embalse en Santaliestra que atemorizaba no solo a los vecinos, también al Estado de Derecho…. Tocábamos con la punta de los dedos un acuerdo pendiente y posible en el Matarraña; esperábamos que alguien aclarara para qué y quiénes reclamaban el embalse de Mularroya; soñábamos con despejar de una vez el fantasma del embalse de Biscarrués sobre la Galliguera…

Hoy, seis años después, algunos de estos retos siguen pendientes, pero el escenario de fondo ha cambiado: en los inicios del siglo XXI, por fin, se ha reconocido la figura y la trascendencia social del afectado “directo” - porque afectados/as somos todos/as -. Ya no es admisible ni imaginable que ningún gobierno plantee la inundación de ningún pueblo, ya no es aceptable que se potencie la gran obra de regulación a cualquier precio sin tener claro su destino… ya no es ni siquiera planteable que un territorio tenga que estar al servicio del otro. Ni Aragón puede hipotecar su desarrollo para alimentar la espiral especulativa de la costa mediterránea, ni el entorno de Artieda aniquilar su futuro para alimentar no se sabe muy bien qué intereses agrícolas en las Cinco Villas.

Hoy, nos dicen, estos debates están superados. La Directiva Marco del Agua, los trabajos de la World Comission of Dams... las tendencias mundiales en gestión del agua… todo va por otro lado, y los debates hoy son otros: la sostenibilidad de los ecosistemas acuáticos, el derecho humano al agua potable, los modelos de gestión…

Pero en Aragón no podemos pasar página sin resolver los conflictos pendientes. Hemos de entrar en el siglo XXI de la Expo 2008 habiendo resarcido heridas y reconciliado territorios en conflicto. Conflictos que, enquistados a lo largo de los años, han conjugado la presión social con la política, pasando incluso por los tribunales. Pero, si bien estas dinámicas han contribuido a la construcción de los actores en conflicto, por sí solas es difícil que puedan alumbrar la solución a los mismos.

La Iniciativa Social de Mediación surgió así con la voluntad de saldar conflictos pendientes, y la acogimos con la esperanza de que contribuyera no sólo a cerrar heridas profundas sino sobre todo, a favorecer un punto de inflexión en el imaginario colectivo. Tampoco esta aventura ha sido fácil: sobre todo, porque en el primer gran envite que se hizo a los conflictos hidráulicos en torno al recrecimiento del embalse de Yesa, no se dejó actuar a la ISM, y se reprodujo una situación de vencedores y vencidos para la que no hacía falta ningún esfuerzo especial... Cambiar algo para que nada cambie.

Sí ha actuado, sin embargo, en la resolución de otros conflictos: Santaliestra y Torre del Compte son ahora proyectos desechados que han conciliado los intereses de las partes y han sabido buscar alternativas viables.

El trabajo no ha acabado, quedan retos pendientes de abordar – próximos y futuros - , pero sí se ha conseguido que ciertas cosas cambien: A día de hoy no es admisible que un Consejero de medio ambiente, superado por la delicadeza y la habilidad que requiere la situación, pacte con una de las partes del conflicto dejando a la otra parte sistemáticamente derrotada; a día de hoy ya nadie entiende a quién puede beneficiar ni para qué, votaciones mayoritarias que consiguen exhibir que los que estaban de acuerdo lo siguen estando y los que discrepaban siguen discrepando... A día de hoy, cualquier espectador advierte, que ha habido una revolución en el imaginario colectivo de esta tierra, y esta vez no ha sido ni lenta, ni silenciosa.

Para llegar hasta aquí ha sido necesaria una labor ingente de pedagogía social. Y ese creo que ha sido la principal aportación de la Iniciativa Social de Mediación. La ISM nos recuerda que vivimos en una sociedad construida sobre un pacto social; que estamos condenados y obligados a entendernos; que los problemas complejos requieren soluciones complejas; que si acudimos a los intereses concretos y delimitamos la línea roja de lo sagrado veremos que no es tan difícil conjugar… y si es difícil, habrá que hacerlo fácil.

Por todo esto, la Iniciativa Social de Mediación, desde una posición compleja, expuesta a los desmanes de unos y otros, ha centrado su labor desde la responsabilidad con el futuro de esta tierra y con el reconocimiento de unos derechos históricos, repetidamente machacados e ignorados, que es hora de resarcir y poner punto final a decenas de años de ninguneo, de ignorancia, de desarrollismo absurdo, de pensar que unos territorios pueden vivir al servicio de otros, de pretender dominar la naturaleza sin llegar nunca a comprenderla, de confundir medios y fines, de obviar el debate de fondo que seguimos teniendo pendiente: qué Aragón soñamos y cómo queremos construirlo.

Como ciudadana, como soñadora, como aragonesa: ¡Gracias!

   
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