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Cristina
Monge
Gerente de la
Fundación Nueva Cultura del Agua
La Iniciativa Social
de Mediación:
Un punto de inflexión en el imaginario colectivo
para poder empezar a soñar
“Somos
pocos y mal avenidos”….”El conflicto
histórico entre el llano y la montaña”…
“Si fuera bueno, aquí lo iban a traer”…
Esta Tierra es Aragón!!!!
Y
así será mientras las cosas no cambien.
Cuando hace ahora la friolera de seis años tomaba
cuerpo la parte más visible de la lucha contra
el Plan Hidrológico Nacional y el trasvase del
Ebro – que se venía forjando desde años
atrás en sectores de afectados por embalses y
grupos ecologistas – decidimos, colectivamente,
como sociedad, que estos lugares comunes en nuestro
imaginario debían de terminar. No fue fácil:
hubo que conjugar el movimiento social, el juego político
y el saber científico… pero sobre todo,
hubo que mantener la batalla de una forma unitaria,
poniendo el acento donde nos unía, jugando “a
la mayor” que decían algunos y sabiendo
que en casa nos quedaban muchos retos pendientes que
urgía abordar, como recordaban otros. Había
que cerrar dignamente el siglo XX para entrar en el
XXI sin el lastre de una brecha en el territorio.
Nos quedaba un recrecimiento de Yesa en
los tribunales que demostraba la máxima de que
“todo territorio inundado es susceptible de volver
a serlo”; convivíamos con un proyecto de
embalse en Santaliestra que atemorizaba no solo a los
vecinos, también al Estado de Derecho….
Tocábamos con la punta de los dedos un acuerdo
pendiente y posible en el Matarraña; esperábamos
que alguien aclarara para qué y quiénes
reclamaban el embalse de Mularroya; soñábamos
con despejar de una vez el fantasma del embalse de Biscarrués
sobre la Galliguera…
Hoy, seis años después, algunos
de estos retos siguen pendientes, pero el escenario
de fondo ha cambiado: en los inicios del siglo XXI,
por fin, se ha reconocido la figura y la trascendencia
social del afectado “directo” - porque afectados/as
somos todos/as -. Ya no es admisible ni imaginable que
ningún gobierno plantee la inundación
de ningún pueblo, ya no es aceptable que se potencie
la gran obra de regulación a cualquier precio
sin tener claro su destino… ya no es ni siquiera
planteable que un territorio tenga que estar al servicio
del otro. Ni Aragón puede hipotecar su desarrollo
para alimentar la espiral especulativa de la costa mediterránea,
ni el entorno de Artieda aniquilar su futuro para alimentar
no se sabe muy bien qué intereses agrícolas
en las Cinco Villas.
Hoy, nos dicen, estos debates están
superados. La Directiva Marco del Agua, los trabajos
de la World Comission of Dams... las tendencias mundiales
en gestión del agua… todo va por otro lado,
y los debates hoy son otros: la sostenibilidad de los
ecosistemas acuáticos, el derecho humano al agua
potable, los modelos de gestión…
Pero en Aragón no podemos pasar
página sin resolver los conflictos pendientes.
Hemos de entrar en el siglo XXI de la Expo 2008 habiendo
resarcido heridas y reconciliado territorios en conflicto.
Conflictos que, enquistados a lo largo de los años,
han conjugado la presión social con la política,
pasando incluso por los tribunales. Pero, si bien estas
dinámicas han contribuido a la construcción
de los actores en conflicto, por sí solas es
difícil que puedan alumbrar la solución
a los mismos.
La Iniciativa Social de Mediación
surgió así con la voluntad de saldar conflictos
pendientes, y la acogimos con la esperanza de que contribuyera
no sólo a cerrar heridas profundas sino sobre
todo, a favorecer un punto de inflexión en el
imaginario colectivo. Tampoco esta aventura ha sido
fácil: sobre todo, porque en el primer gran envite
que se hizo a los conflictos hidráulicos en torno
al recrecimiento del embalse de Yesa, no se dejó
actuar a la ISM, y se reprodujo una situación
de vencedores y vencidos para la que no hacía
falta ningún esfuerzo especial... Cambiar algo
para que nada cambie.
Sí ha actuado, sin embargo, en
la resolución de otros conflictos: Santaliestra
y Torre del Compte son ahora proyectos desechados que
han conciliado los intereses de las partes y han sabido
buscar alternativas viables.
El trabajo no ha acabado, quedan retos
pendientes de abordar – próximos y futuros
- , pero sí se ha conseguido que ciertas cosas
cambien: A día de hoy no es admisible que un
Consejero de medio ambiente, superado por la delicadeza
y la habilidad que requiere la situación, pacte
con una de las partes del conflicto dejando a la otra
parte sistemáticamente derrotada; a día
de hoy ya nadie entiende a quién puede beneficiar
ni para qué, votaciones mayoritarias que consiguen
exhibir que los que estaban de acuerdo lo siguen estando
y los que discrepaban siguen discrepando... A día
de hoy, cualquier espectador advierte, que ha habido
una revolución en el imaginario colectivo de
esta tierra, y esta vez no ha sido ni lenta, ni silenciosa.
Para llegar hasta aquí ha sido
necesaria una labor ingente de pedagogía social.
Y ese creo que ha sido la principal aportación
de la Iniciativa Social de Mediación. La ISM
nos recuerda que vivimos en una sociedad construida
sobre un pacto social; que estamos condenados y obligados
a entendernos; que los problemas complejos requieren
soluciones complejas; que si acudimos a los intereses
concretos y delimitamos la línea roja de lo sagrado
veremos que no es tan difícil conjugar…
y si es difícil, habrá que hacerlo fácil.
Por todo esto, la Iniciativa Social de
Mediación, desde una posición compleja,
expuesta a los desmanes de unos y otros, ha centrado
su labor desde la responsabilidad con el futuro de esta
tierra y con el reconocimiento de unos derechos históricos,
repetidamente machacados e ignorados, que es hora de
resarcir y poner punto final a decenas de años
de ninguneo, de ignorancia, de desarrollismo absurdo,
de pensar que unos territorios pueden vivir al servicio
de otros, de pretender dominar la naturaleza sin llegar
nunca a comprenderla, de confundir medios y fines, de
obviar el debate de fondo que seguimos teniendo pendiente:
qué Aragón soñamos y cómo
queremos construirlo.
Como ciudadana, como soñadora,
como aragonesa: ¡Gracias!
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