Por José Luis Marqués Insa - Pte. del Consejo Social de la Universidad de Zaragoza
Los tiempos de crisis, son propicios para que la incorporación de nuevas ideas se produzca con más facilidad. La necesidad de amortiguar los efectos negativos de la situación, hace que la resistencia a los cambios, que es la circunstancia que más dificulta los avances de la sociedad, disminuya a unos niveles aceptables.
Esa mayor permisividad hacia cambios e innovaciones es, sin duda, fruto de la necesidad de mitigar en alguna medida las dificultades que, en los periodos críticos, se multiplican por todo nuestro entorno.
Tal vez estemos en el momento de poder cambiar las cosas.
La deteriorada situación económica que nos está tocando vivir ahora, no solamente con un presente bastante triste, sino con un inmediato futuro muy amenazador, nos tiene que obligar a reflexionar.
Nuestro país, a pesar de opiniones a veces excesivamente optimistas, no está entre los mejor preparados de nuestro entorno para resistir sin deterioros significativos los aspectos más amenazadores de la situación.
Uno de nuestros puntos más vulnerables es sin duda el desequilibrio de nuestra balanza comercial. Para compensar ese equilibrio, el gobierno de la nación debe destinar recursos que, en otra circunstancia, ayudarían a paliar los efectos negativos de la crisis en el ciudadano.
El principal contribuyente al deterioro de nuestra balanza comercial es la escalada de precios de los combustibles fósiles. La inercia de la situación, la política internacional, la especulación, el miedo, la incorporación de las demandas de los países emergentes y alguna otra razón más conforman un ramillete de causas que no permiten afrontar con optimismo el futuro a medio plazo en cuanto al precio del crudo se refiere.
En consecuencia, la cuestión de la energía, si ya era de por si un tema suficientemente importante en la agenda de preocupaciones del gobierno, se convierte ahora en un elemento vital para poder desarrollar estrategias que mitiguen el impacto negativo de la situación económica.
Desgraciadamente, pocas de las medidas que puedan desarrollarse ofrecerán resultados positivos a corto plazo. Sin embargo si no tomamos acciones ahora, nuestro futuro a medio y largo plazo presenta serios riesgos de deterioro.
La cuestión de la energía tiene para nosotros (y para otros países del entorno también) una serie de características que deben inspirar el camino a seguir:
a).-No tenemos yacimientos de petróleo ni gas con lo que tenemos una clara situación de dependencia.
b).-Contamos con interesantes yacimientos de carbón, pero este combustible se está convirtiendo en “hostil” por la generación de gases de efecto invernadero.
c).-La falta de peso internacional en comparación con los otros jugadores como USA, Rusia o incluso China, nos deja a merced de decisiones ajenas que indefectiblemente se convierten en aumento de precios, amenazas de escasez y obligación de ofrecer contrapartidas que limitan nuestra competitividad.
d).-Los compromisos adquiridos de luchar contra el cambio climático entra en conflicto aparente con la necesidad de mantener el estado de bienestar y por tanto seguir creciendo en actividad industrial. Para ello, aparentemente estamos condenados a seguir sirviéndonos de la energía necesaria a pesar de la sangría económica que eso supone.
Sin embargo, y posiblemente por la importancia de esa sangría que amenaza con convertirse en inasumible, la sociedad puede estar más cerca de verse forzada a encontrar soluciones alternativas. La producción de energía primaria tiene unos orígenes que con distinto peso relativo se utilizan en todo el mundo:
.-La procedente de fuentes renovables, entre las que se incluyen las de origen hidroeléctrico, biomasa, solar, eólica, geotérmica, etc.
.-La procedente de combustibles fósiles, petróleo, gas natural, carbón, etc.
.-La nuclear.
La mayoría de los países desarrollados han iniciado con un mayor o menor grado de compromiso, planes de profundización en el campo de las energías renovables. España no es una excepción, y en particular Aragón está desarrollando un ambicioso plan de implantación de instalaciones eólicas que con un tímido avance de otras fuentes renovables, dejará a nuestra región dentro de unos pocos años en una envidiable posición. El objetivo es que nuestras necesidades de energía primaria estén cubiertas por energía procedente de fuentes renovables.
Sin embargo, seguiremos teniendo los mismos problemas de dependencia y naturalmente de desequilibrio en nuestra balanza de pagos al no haber resuelto los problemas que sobre este aspecto presenta el mayor consumidor de combustibles fósiles: el transporte. Más del 40% de nuestra factura de importación de crudo se dedica a mover vehículos que transportan materiales y personas por nuestro territorio nacional.
Hoy, y durante los próximos años, no hay una alternativa viable para resolver ese problema. Los coches eléctricos son casi una anécdota. Los motores híbridos (que no resuelven totalmente el problema pero si lo reducen) avanzan tímidamente y todavía no están implantados para los grandes vehículos. El Hidrógeno, posiblemente el vector energético más esperanzador, necesita algún lustro más para convertirse en una alternativa real.
Teniendo todo lo anterior en cuenta, ¿hay algo que podamos hacer para mejorar nuestro pronóstico?:
1.- Sobre el transporte:
El sector en nuestro país es muy complicado, con muchos autónomos que apenas sobreviven por la dificultad de absorber los costes del combustible en un mercado que no admite subidas de precio.
El sentido común nos dice que las mercancías deberían moverse por medios más eficientes desde el punto de vista de la energía. Por tanto el ferrocarril y el transporte marítimo deberían ser los medios preferentes para mover mercancías en distancias superiores a 300 kms, dejando el transporte por carretera para la distribución capilar entre los centros logísticos y los destinos finales.
Eso exige una reordenación del sector buscando salidas profesionales a muchos de los actuales profesionales y sobre todo demanda un claro compromiso para potenciar el ferrocarril como medio preferente.
2.-Sobre la energía en general:
.-Seguir con la implantación de eólicas, simplificando los trámites de evacuación. Acelerar la instalación en el mar (ejemplo de Dinamarca).
.-Preferenciar la instalación de centrales termosolares en los territorios de interior.
.-Incentivar la instalación de fotovoltaicas en edificios y naves cercanas a centros de consumo, potenciando la llamada “generación distribuida”.
.-Desarrollar la aclimatación de cultivos específicos ,que permitan la introducción de biocombustibles de segunda generación, en zonas áridas no utilizadas en la producción de alimentos.
.-Rediseñar acciones de mantenimiento y limpieza de bosques asociándolas con pequeñas centrales térmicas en el territorio.
.-Fomentar líneas de investigación para volver “ amigable al lignito de Teruel” . Su conversión en combustible líquido es posible. La eliminación del CO2 también. El alto precio del crudo hace esta opción cada vez más interesante.
.-Participar con otros países en los avances de investigación sobre lo que podríamos llamar la solución final: reconvertir el CO2 de “ villano a salvador”. La Naturaleza lo hace cada día a través de la fotosíntesis. Provocar una fotosínteis a partir del CO2 que precisamente producimos en nuestros procesos de combustión para reconvertirlo en materia orgánica susceptible de ser utilizada como combustible es algo que ya se está haciendo en pequeña escala. Nuestros recursos de investigación deberían ir dedicados preferencialmente a este tipo de procesos.
3.-Lo más efectivo:
Sin embargo, lo más efectivo, lo más rápido, lo mejor debería ser el ahorro. Nuestra factura energética podría verse reducida en más de un 15 % si enfrentásemos la necesidad de ahorro con el mismo interés con el que por ejemplo en Aragón se ha seguido para el caso del agua.
No es solamente el uso de lámparas de bajo consumo o el cuidado de apagar las luces que no se utilizan. Hablamos de aislamiento en la construcción, de hábitos de transporte, y de muchas otras cosas más. En definitiva de cambios en nuestro estilo de vida.
Un cambio de esas características, exige una carga educativa que deberíamos administrar desde la enseñanza primaria, y a lo largo de todo el periodo educativo.
Mientras tanto, algo deberemos hacer por mejorar la actitud de los ciudadanos. Algún ejemplo tendrán que dar las administraciones para enseñar las conductas deseables, y sobre todo, este tema si debería ejemplarizarse con un consenso real entre todas las fuerzas políticas.
Si hoy hay una cuestión de estado por la que merece la pena luchar, es el problema energético y su indisoluble unión con la lucha contra el cambio climático.
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