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  jueves, 16 de octubre de 2008
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Anuario sobre Responsabilidad Social Corporativa

 

Introducción
   
El signo de los tiempos

Un estudio de UNEP y Sustainability , publicado al comienzo de 2002 con el ilustrativo título de Buenas y malas noticias , repasaba el tratamiento dado al desarrollo sostenible en los medios de comunicación de todo el mundo durante las últimas décadas. Los autores daban cuenta de cómo, desde la publicación del informe de aires malthusianos Los límites del crecimiento en 1972, y a través de distintas oleadas vinculadas a acontecimientos concretos recogidos ampliamente en los medios de comunicación, diversos temas relacionados con el desarrollo sostenible habían pasado a ser historias de nuestro tiempo, relatos al estilo tradicional que terminan siendo conocidos como historias propias por la ciudadanía.



¿POR QUÉ INTERESA LA RSC A LAS EMPRESAS?
Grupos activistas dificultan la gestión de crisis empresariales RSC;
Los medios de comunicación prestan una creciente atención a los asuntos RSC;
La percepción sobre la RSC tiene efecto directo en los mercados financieros y de consumo.

Desafortunadamente, el estudio no incluye la influencia de Internet en estas historias, y tan sólo se alude a su carácter revolucionario en la parte final del periodo investigado.

En cualquier caso, sean los medios quienes conforman detalles del “espíritu de nuestra época”, o simplemente quienes los recogen y amplifican, parece claro que la idea de responsabilidad social corporativa (RSC) está entrando a formar parte de nuestro Zeitgeist: en abril de 2003, 1.3 millones de páginas en Internet incluyen las palabras corporate social responsibility. Pero, ¿el enfoque RSC ha calado realmente en la cultura empresarial? ¿O se trata más bien de una moda vinculada principalmente a los departamentos de relaciones públicas?. Sin duda, esta preocupación, cada vez más extendida entre multitud de organizaciones sociales, es un signo más de los tiempos, y un ejemplo de que el enfoque RSC realmente ha calado; hace apenas unos años no existía la efervescencia discursiva actual acerca de la responsabilidad de las empresas, ni se expresaban en la medida actual este tipo de reticencias.

Algunas organizaciones que con su activismo y sus propuestas contribuyeron a esta tendencia, han pasado de las propuestas de RSC a exigir accountability, una rendición de cuentas sobre los resultados empresariales de la RSC. Esta respuesta exigiendo accountability no deja de ser un reflejo del temor a que una serie de demandas legítimas sean desvirtuadas y difuminadas en un ejercicio limitado a las relaciones públicas. En definitiva, se teme una banalización del enfoque RSC.

Si realmente la RSC se convierte en una historia de nuestro tiempo, la banalización del concepto es evitable; tan sencillo como entender la RSC al modo de una definición de lo que los ciudadanos (consumidores, inversores, empleados) desean ver como prácticas empresariales; demandas a las que las empresas pueden, y deben, ser capaces de responder.

La filosofía RSC

La adopción de criterios de Responsabilidad social corporativa (RSC) en la gestión empresarial entraña la formalización de políticas y sistemas de gestión en los ámbitos económico, social y medioambiental; también, la transparencia informativa respecto de los resultados alcanzados en tales ámbitos; y, finalmente, el escrutinio externo de los mismos. Se dice que las organizaciones ejercen su responsabilidad social cuando prestan atención a las expectativas que tienen los diferentes grupos de interés (stakeholders: empleados, socios, clientes, comunidades locales, medio ambiente, accionistas, proveedores,..).

El enfoque RSC de la gestión empresarial supone un nuevo modelo de gobierno de las externalidades empresariales en lo económico, social y medioambiental; cabría decir que la atención pública respecto de los impactos de las empresas sobre el medio ambiente adquiere un carácter universal en la segunda mitad de los años ochenta, extendiéndose el escrutinio a lo social en la década de los noventa. La filosofía de la Responsabilidad social corporativa aporta una novedad fundamental; ésta radica en que las demandas sociales de prácticas empresariales RSC no son intermediadas por el Estado; se articulan a través de los mercados de producto, consumo responsable; de capitales, inversión socialmente responsable (ISR) o Inversión RSC; o a través de otros activismos no intervenidos por los Estados.



Evolución de la filosofía RSC

Son tres aspectos los que, a juicio de los redactores de este informe, han jugado un papel clave en el desarrollo del enfoque:

Primero, la aparición de los fondos ISR, o fondos éticos, durante la década de los años cincuenta; en aquel entonces, grupos religiosos como los cuáqueros deciden que no es ético lucrarse con actividades que, a su juicio, dañan el tejido moral de la sociedad; deciden no invertir en acciones de compañías cuyas actividades están relacionadas con el alcohol, el juego y el tabaco. Durante los años 70 del pasado siglo, y fruto de la guerra de Vietnam, grupos activistas descubren que la inversión es una buena herramienta para presentar alegatos sociales en contra de la fabricación de armas u otros asuntos. Un tercer hecho relevante se produce en la década de los 80, cuando gobiernos de ciertos estados norteamericanos, deciden que las sociedades administradoras de sus fondos de pensiones se desprendan de aquellos valores de renta variable que tengan intereses en la Sudáfrica del apartheid. La noticia fue portada del New York Times y causó conmoción en el mundo financiero, llegándose incluso a poner en duda su legalidad.

Durante la década de los noventa la inversión RSC se extiende a los países de la OCDE y comienza a formar parte del paisaje financiero habitual. Posteriormente, a raíz de los escándalos contables y de la malas prácticas de gobierno corporativo, el mundo financiero comienza a prestar atención a las prácticas RSC a la hora de construir carteras de valores. Comienza a tomar cuerpo la percepción de que las prácticas acreditadas en materia de RSC son un buen indicador del futuro rendimiento económico financiero de una determinada compañía.

Segundo, la crisis de la creación de valor, como consecuencia del último desplome bursátil, da cobijo a filosofías corporativas alternativas, la empresa de los grupos de interés (stakeholders); se entiende que mediante la articulación adecuada de las demandas de sus stakeholders, las empresas acaban maximizando sus resultados económico-financieros y, por ende, el valor creado para sus accionistas. Por el contrario, los comportamientos miopes u oportunistas hacia los grupos de interés acaban, en último término, dañando también a los accionistas. Por otra parte, cabría también decir que los últimos escándalos contables, y de malas prácticas de gobierno corporativo, han perjudicado seriamente la credibilidad de los administradores; como respuesta, éstos comienzan a valorar y prestar atención a la importancia de construir filosofías corporativas que articulen las demandas de los grupos de interés.

Por último, el nuevo papel de las ONGs como interlocutores empresariales resulta ser un fenómeno de interés para entender el despegue de la filosofía RSC; las actividades de las compañías multinacionales escapan al ámbito de actuación de los Estados nación; en consecuencia crecen las dificultades en el control público de las externalidades empresariales. Se entiende que el control de éstas se realiza a través de tres mecanismos: los Estados, en el ámbito de sus competencias, los mercados, y las ONGs, que suelen vehicular con mayor o menor acierto una parte de la opinión pública internacional. Si las compañías son multinacionales, también lo son las ONGs. Éstas, en consecuencia, ejercen el control sobre las externalidades privadas allá donde no llega el control público. Las diferencias objetivas de tamaño y poder negociador entre multinacionales y ONGs se ven corregidas por varios factores: la difusión de las tecnologías de la información (TICs) contrarresta y equilibra el poder negociador de unas y otras ; también, el mencionado desequilibrio de partida se ve compensado por la facilidad de acceso de las organizaciones sociales a la opinión pública mundial. Las ONGs se convierten en embajadores y representantes de los stakeholders. Durante los años noventa las ONGs articulan debates públicos sobre el respeto a los derechos socio-laborales de los empleados de grandes empresas, sobre el trabajo infantil, trabajos forzados, sobre la protección del medio ambiente; y, también, sobre determinadas prácticas de los mercados globales.



Creación de valor

Se entiende, por tanto, que la filosofía RSC defiende que la creación de valor para los distintos stakeholders redunda en una mayor creación de valor para la sociedad, incluyendo los accionistas. Se puede aplicar una distinción simple:

De un lado, el enfoque shareholder, o de creación de valor para el accionista, argumenta que la única responsabilidad de las empresas es conducir sus actividades, dentro de la legalidad, con el fin exclusivo de maximizar el valor revertido a sus accionistas. Esa es su única responsabilidad; además, la adopción de enfoques más amplios distrae la atención de los gestores y acaba dañando el valor creado para el accionista.

De otro, el enfoque stakeholder viene a apoyar una concepción de la actividad empresarial a través de la cual las empresas crean valor para el accionista a través del gobierno de las relaciones con el conjunto de stakeholders, lo que no discute la primacía del capital como input director de la empresa pero pone en evidencia el carácter abierto a la sociedad de la institución empresarial. Esta forma de entender la empresa “se refiere esencialmente a la evidencia de que en el largo plazo los resultados empresariales mejoran si se mantienen relaciones no oportunistas con los diferentes grupos de interés que concurren en la actividad empresarial: empleados, clientes, proveedores, y comunidades sociales donde se opera” .



En España...

También en España, la filosofía de la responsabilidad social corporativa ha sufrido una notable evolución, en poco tiempo. Un repaso a la prensa económica de 1999 ofrecía un balance descorazonador: la atención prestada por los medios de comunicación a la filosofía de la RSC era muy escasa, todo ello a pesar de que fue en 1999 cuando Dow Jones ponía en el mercado su serie de índices selectivos de responsabilidad social corporativa; tan sólo aquellas empresas españolas que entraron a formar parte de la serie de índices desde su creación parecían prestar algo más de atención; sin embargo, la RSC todavía no era un asunto del interés de los directivos y consejos de administración de las grandes empresas españolas. Tampoco había en España think tanks ni centros de información a los que recurrir, aunque cabe destacar en aquel año el lanzamiento por parte de IESE y Fundación Entorno de su Foro Empresa y Desarrollo Sostenible o, pecando de inmodestos, el lanzamiento por parte de Fundación Ecología y Desarrollo del boletín Ecores, primero en la Internet española en tratar asuntos de responsabilidad social corporativa.

También, en 1999 fueron lanzados en el mercado español los primeros productos financieros que incorporaban criterios RSC; se trataba de productos que hacían suyo el enfoque menos sofisticado de la inversión con criterios de responsabilidad social corporativa: entender este tipo de inversión como un ejercicio de sus derechos de propiedad por parte de los accionistas, eligiendo éstos las características sociales y ambientales de las empresas en las que invierten. La inversión con criterios RSC nació en España con pocas posibilidades de seguir el mismo desarrollo que en mercados más avanzados: tanto por el lado de la demanda como por parte de la oferta se detectaban debilidades, aunque una de las razones fundamentales del estancamiento del mercado en España hay que buscarla en la falta de comprensión acerca de qué es lo que diferencia este tipo de inversión; mientras que lo fundamental es la claridad en la definición de criterios, política de inversión, y el análisis social y ambiental que llevan aparejados, que han de ser comunicados con claridad al partícipe, en España se puso la atención en asuntos de importancia no crucial, como la existencia de un comité ético. Se anteponía en importancia, como en las recomendaciones de INVERCO sobre fondos éticos, ecológicos y solidarios, la necesidad de contar con un cierto número de personas de prestigio, que se reunían de forma esporádica, frente a la necesidad de contar con una política de inversión clara y con un equipo de analistas, bien interno, bien externo, que se ocuparan del análisis de los valores en cartera. En resumen, tal y como pasa en tantas ocasiones, en España se hicieron las cosas de espaldas a lo que sucedía en el mundo. Como consecuencia, los fondos de inversión con criterios de RSC perdieron buena parte de su potencial educativo y el mercado se estancó. España ha sido el único país europeo donde no se ha producido un crecimiento exponencial de este tipo de productos financieros, tanto en número de partícipes como en activos gestionados.

Como consecuencia de una débil, en apariencia, demanda de responsabilidad social corporativa, las compañías españolas se sentían poco obligadas a formalizar sus relaciones con grupos de interés. A partir de 2000 se empiezan a dar signos de cambio: aunque la demanda interna sigue siendo débil, empieza a fortalecerse la demanda internacional de responsabilidad social corporativa hacia las grandes empresas españolas. Internacionalmente suceden cosas, como la constitución en junio de 2000 de Sustainable Investment Research International Group , organización de análisis RSC que empieza a ejercer escrutinio sobre las empresas españolas, junto con la creciente atención que otras agencias de análisis RSC, como EIRiS empiezan a prestar a las grandes compañías españolas cotizadas; sin embargo, éstas andaban todavía algo despistadas.

Como posteriormente se verá, Fundación Ecología y Desarrollo entiende que la responsabilidad social corporativa comprende tres asuntos: formalización, transparencia, y escrutinio. En cada uno de estos asuntos se han producido hitos en los últimos cuatro años. Respecto de formalización, y a pesar del escaso éxito de otras iniciativas reconocidas internacionalmente, como las líneas directrices de la OCDE para empresas multinacionales, uno de los hitos se produce con la firma por parte de INDITEX del programa Pacto Mundial de Naciones Unidas a finales del año 2001; el paso dado por Inditex empieza a dotar de credibilidad en España a la filosofía RSC. Posteriormente, la firma de más de un centenar de compañías convierte a España en uno de los países donde más éxito ha tenido el programa de Naciones Unidas. Tras estos hechos, comienzan a crearse seminarios, foros de discusión, o think tanks especializados, como el grupo de trabajo creado por la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas, el Foro de Reputación Corporativa o el Club de Excelencia en Sostenibilidad. También la Asociación Española de Normalización ha venido trabajando en los últimos años en el ámbito de la formalización en materia de RSC, con relativo éxito.

En el ámbito de la transparencia también se ha producido una notable evolución. Hace tan sólo tres años, Global Reporting Initiative (GRI) era una iniciativa casi desconocida . En los últimos dos años, se han multiplicado el número de empresas españolas que elaboran, de mejor o peor forma, lo que se han venido a denominar como memorias de sostenibilidad; también, la mayor compañía española, Telefonica, entra a formar parte en 2003 del consejo de Global Reporting Initiative, del que ya desde 2002 formaba parte Fundación Ecología y Desarrollo. El interés de Telefónica servirá, sin duda, de acicate al resto de compañías españolas reforzando entre las mismas el interés por Global Reporting Initiative. En este sentido, cabe también destacar que un grupo de compañías españolas pidieron el pasado mes de diciembre de 2002 a la Administración y a la Comisión Especial para el Fomento de la Transparencia y Seguridad en los Mercados y en las Sociedades Cotizadas, el "apoyo a iniciativas que facilitaran el hacer comparables y verificables las informaciones de las compañías en los ámbitos social y ambiental" .

Respecto del escrutinio, éste viene marcado por la debilidad de la demanda interna, tanto en los mercados de producto como financieros. La fuerte demanda de los mercados financieros internacionales viene a solventar, en lo que se refiere a las compañías españolas cotizadas, esta debilidad interna. Esta debilidad viene marcada por la endeblez del mercado interno de la inversión con criterios de responsabilidad social corporativa o inversión socialmente responsable; para constatarla basta echar un vistazo a las cifras reflejadas en los informes que con carácter anual son elaborados por el Instituto Persona Empresa y Sociedad, de la escuela de negocios ESADE. En lo que se refiere al mercado de producto, la debilidad no es exclusivamente española.

Otros factores contribuyen a despertar el optimismo acerca del futuro de la filosofía de la responsabilidad social corporativa en España:

• las administraciones públicas comienzan a formular propuestas para la promoción de la RSC;

• las ONGs españolas comienzan a vehicular con acierto las expectativas sociales en materia de RSC;

• la RSC se convierte, a partir del segundo semestre de 2002, en materia habitual en los medios de comunicación españoles;

Sin embargo, aunque los signos son positivos, conviene mencionar que, a pesar del creciente interés de organizaciones internacionales, la RSC en España sigue siendo cosa de grandes empresas. Los incentivos existentes en los mercados de producto son todavía muy difusos; también lo son, por tanto, los incentivos a las PYMES de cara a la formalización de políticas en el ámbito de la RSC. Sin embargo, la pregunta fundamental sigue siendo si la RSC es una moda y, más importante, si la RSC corre riesgo de convertirse en simple cosmética. La respuesta a las dos preguntas es afirmativa. La posible banalización vendría dada por la incapacidad de los agentes y la sociedad en su conjunto de descubrir en qué medida la adopción de la filosofía RSC supone en último término un cambio en la forma en que las empresas son gestionadas. Para combatir la banalización resulta ineludible el escrutinio por parte de la sociedad de las prácticas sociales y ambientales de las empresas; este escrutinio refuerza y requiere de transparencia informativa RSC por parte de las empresas. Las políticas públicas, como ya ha sido probado en distintos países, como el Reino Unido o Francia, pueden y deben jugar un papel crucial en el refuerzo del escrutinio social y la transparencia informativa en las actividades empresariales.

El presente informe anual pretende dar cuenta de la situación actual, iniciativas y tendencias más destacables en el ámbito de la responsabilidad social corporativa en España, dando luz también la tendencia internacional en la que este movimiento se inscribe.




             
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