| Teoría y práctica del turismo |
| Martes 12 de Febrero de 2008 |
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La gran industria de servicios que constituye el turismo exige su adecuación a modelos de desarrollo sostenible, en el futuro inmediato
Fuente: Editorial Responsable.biz Las estimaciones de la Organización Mundial del Turismo (OMT) apuntan que para el año 2020 el número de llegadas en todo el mundo superarán los 1.560 millones. De ellas, 1.180 millones serán interregionales y 378 millones, de larga distancia. Europa absorberá la cuota mayor, siendo así la primera de las regiones receptoras del planeta, lo que se traducirá en 717 millones de turistas. En la actualidad, de las más de 850 millones de llegadas (46% utilizando el transporte aéreo, y el 43%, carretera), el 51% corresponde a viajes de ocio, recreo y vacaciones. El turismo representa cerca del 35% de las exportaciones mundiales de servicios y más del 70% en los países menos desarrollados. Por lo que respecta a los ingresos, éstos rondan los 2.400 millones de dólares diarios. En España (segundo destino turístico mundial, con una oferta de 600.000 plazas hoteleras –subsector principal- sólo de cuatro y cinco estrellas), se han rozado los 60 millones de turistas en 2007. Y el gasto realizado por los visitantes internacionales ha rondado los 50.000 millones de euros según los últimos datos presentados por la Secretaría General de Turismo (SGT) con motivo de Fitur, la gran cita anual del turismo, a finales de enero. La aportación del turismo español al PIB se sitúa en torno al 11%, es el primer generador de empleo (2,7 millones de personas, lo que representa el 12% de la población activa y el 17,9% de los inmigrantes ocupados), con un crecimiento interanual de 1,7%. Según datos de la influyente organización empresarial Exceltur, “en 2007, el 71,8 de las empresas turísticas españolas han experimentado un aumento de sus ventas y el 65,6 en sus niveles de beneficios. El turismo es además la actividad empresarial con más futuro según el 60% de los directivos españoles y constituye la primera industria nacional en la percepción de los ciudadanos. Tanto desde la perspectiva mundial como desde la puramente doméstica, los datos turísticos siempre resultan espectaculares y abrumadores. Sin embargo, el turismo también arrastra consecuencias indeseables e insostenibles como la masificación de los destinos, las alteraciones graves del territorio, la sobreexplotación de recursos energéticos, la banalización de las ofertas e infraestructuras, la pérdida de identidad cultural e, incluso, la violación de derecho humanos, como en el caso del turismo sexual. Y a todas ellas, hay que sumar en los últimos tiempos su contribución al cambio climático, proveniente esencialmente de las actividades de alojamiento y transporte. La OMT, como organismo especializado de Naciones Unidas, con sede en España, es el máximo abanderado en la defensa y promoción del turismo no sólo en su vertiente económica sino también como instrumento de desarrollo, cohesión, paz y convivencia entre los pueblos del mundo. E insiste “en la urgencia de adoptar medidas que fomenten un turismo verdaderamente sostenible, el cual refleje la cuádruple cuenta de resultados en los ámbitos ambiental, social, económico y climático”. Por su parte, el plan de ‘Horizonte 2020’, elaborado por la Secretaría General de Turismo, operativo desde el 1 de enero, “busca la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, la consolidación de nuestro liderazgo mundial en turismo (...) el desarrollo de modelos de negocio sostenibles tanto medioambientalmente como social y culturalmente (...)”. A ellos habrán de sumarse inexcusablemente los propios turistas con cambios en sus consumos, optando por actividades y viajes que apoyen la adopción de medidas sostenibles, entre los que no van a faltar el pago tasas y las cuotas cerradas de visitantes a los espacios más sensibles. Porque más allá del incremento anual en la llegada de turistas, de la calidad y la innovación de los servicios sobre los que andan discutiendo en las últimas décadas, son en definitiva los grandes grupos hoteleros de costa, las empresas de transporte aéreo, ferroviario y de carretera, las agencias de viajes, las compañías de alquiler de coches, los campos de golf, las estaciones de esquí, los parques de ocio.., los que deben liderar la impostergable reorientación del negocio. A ello está obligada la segunda potencia turística del mundo.
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